NOTA PUBLICADA POR EL DIARIO PRIMERA HORA EN DICIEMBRE DE 2006

Resulta evidente que no todas las experiencias que tuvimos han sido buenas. En ese mirar hacia atrás, podemos encontrarnos con la muerte de algún ser querido, la ruptura de alguna relación de pareja, la pérdida de nuestro empleo o cualquier otra situación que haya sido dolorosa. Otras veces, puede suceder que no hayamos tenido situaciones que representen un sufrimiento en específico, pero el mero hecho de finalizar un período, de concluir una etapa de nuestras vidas, nos hace experimentar una especie de pérdida.
Con la culminación del año, también es posible que se produzca una reactivación de las situaciones de pérdida (muerte, separación o divorcio, pérdidas financieras, laborales, etc). Esto sería como volver a vivir lo que hemos pasado.
Todo lo mencionado anteriormente puede dar origen a sentimientos depresivos, miedos, angustias y otras manifestaciones sicoemocionales.

El placer y el sufrimiento

Sabemos que la vida tiene dos caras, de un lado, están el placer, la diversión y todo lo que nos gusta hacer. Pero, en la otra cara, están el sufrimiento, la enfermedad, la muerte y todas aquellas cosas que hubiésemos preferido que no nos sucedieran.
La pregunta que nos surge, entonces, es ¿qué actitud debemos tomar ante el placer y el sufrimiento?
Si buscamos sólo el placer, la diversión y el entretenimiento, trataremos, por todos los medios, de rechazar o reprimir todo lo que tenga que ver con el sufrimiento. Lo único que nos provocará la actitud de reprimir o negar lo doloroso será un incremento desmedido de nuestro sufrimiento. Esto se genera porque a medida que más intentamos evitar el sufrimiento, mucha más fuerza le damos.
Vamos a realizar un pequeño ejercicio, para que podamos darnos cuenta de cómo funciona nuestra mente.
Por ejemplo:

1- Nos sentamos tranquilamente en una silla, sillón, sofá o en cualquier otro lugar cómodo.
2- Cerramos nuestros ojos y comenzamos a contar mentalmente del 1 al 5.
3- Cuando llegamos al número 5, intentamos, con todas nuestras fuerzas, no pensar en un gato.
4- Procuremos no imaginarlo. Tratemos de rechazar toda idea que tengamos en relación con los gatos.

Si siguieron las instrucciones hasta aquí, se habrán dado cuenta de que, mientras más le decimos que no lo haga, más se empeña nuestra mente en pensar en un gato.
Este ejercicio tiene implícito lo que llamamos la "ley del esfuerzo invertido". Esta ley nos indica que, cuanto más nos esforcemos en rechazar o evitar algo, más poder le daremos a lo que rechacemos y el resultado que obtendremos será el opuesto al deseado.
Ahora, vamos a suponer que nuestra actitud es la de no rechazar o negar el sufrimiento y la de no desear vivir únicamente en el placer. En este caso, les estaremos dando al placer y al sufrimiento el valor adecuado, sin agigantar ninguno de los dos.
Si, realmente, nuestra actitud es la de aceptar el placer y el sufrimiento que la vida nos trae a cada momento, es muy posible que arribemos a un estado de armonía interior.

¿Necesitas más ayuda?

A continuación, compartimos contigo unas cuantas sugerencias adicionales, que te pueden ayudar a sentirte mejor durante las fiestas de Navidad y de fin de año:

1) No niegues ni rechaces ninguna situación dolorosa que hayas vivido durante el año.
Cuando hablamos de no negar, lo que queremos decir es que podemos hablar de la situación dolorosa que hemos vivido, sin ocultarla. Por eso, es muy importante no comportarnos como si nada hubiese ocurrido.
Rechazar lo pasado tampoco es muy aconsejable, debido a que necesitamos cicatrizar nuestras heridas, siendo, para eso, fundamental el aceptar en pensamiento, sentimiento y acción todo lo sucedido.

2) No laves la sangre con sangre.
Estamos cortando la carne para un asado y se nos resbala el cuchillo, produciéndonos una herida en el dedo. La sangre comienza a salir y necesitamos que nos traigan curitas o algún vendaje que nos permita cubrir la herida. Sin embargo, nos traen un recipiente con más sangre, para volcarlo sobre donde nos hemos lastimado. Evidentemente, no sólo la herida tardará en cicatrizar al no ser cubierta con el vendaje adecuado, sino que, además, habrá un exceso de sangre sobre la misma.
De la misma manera, si todo el tiempo nos pasamos pensando o imaginando el sufrimiento que hemos vivido durante el año, lo único que conseguiremos es que nuestra herida no cicatrice y estaremos lavando la sangre con sangre.

3) La profunda aceptación de los hechos hace que te liberes de los hechos.
Lo opuesto a la aceptación es la resistencia a los hechos. Cuando resistimos los hechos, nos enojamos, nos deprimimos o nos frustramos. Todo eso se produce porque tenemos en nuestra mente un ideal de cómo las cosas tenían que haber sido.
Con la profunda observación de los hechos, descubriremos que los hechos se van a producir igual y la mayoría de las veces no responden a nuestro ideal.
Tomemos un ejemplo: Es sábado en la noche y nos acostamos con la idea de disfrutar un hermoso día de playa el domingo. Cuando nos levantamos el domingo, descubrimos que el día está lluvioso, ventoso y frío. Si nos resistimos al hecho, las consecuencias van a ser frustración, rabia o ira. En cambio, si aceptamos verdaderamente el hecho, es muy posible que podamos disfrutar igualmente el día en la playa o hacer cualquier otra actividad que nos agrade, pero sin frustraciones ni rabia.

4) Aprende a soltar.
Estamos por empezar un nuevo año y necesitamos toda la energía para poder comenzar a realizar nuevos proyectos. Sin embargo, puede que todavía estemos pensando en lo mal que nos fue el año anterior y en que nuestra mente parlanchina siga dándoles vuelta a los errores cometidos, una y otra vez.
Si no soltamos o abandonamos lo que hemos pasado, no vamos a tener la energía necesaria para empezar un proyecto nuevo.
Consideramos qué es fundamental y comencemos a soltar lo que hemos vivido o transitado, para emprender nuevos caminos.
Hay una frase que recoge, tal vez mejor que ninguna otra, este sentir: Para llegar a la cima de la montaña, hay que subir ligero de equipaje.
Tratemos de vivir el "aquí" y el "ahora" lo más que podamos y sólo recurramos al pasado cuando nos sea estrictamente necesario.

Hagamos proyectos para el futuro, poniendo lo mejor de nosotros, pero sin olvidar que la bola está corriendo en la ruleta y no siempre va a salir el número que apostamos.
Roberto Tirigall es sicólogo y escritor, autor del libro "Psicomeditación".
Este artículo fue escrito por Roberto Tirigall para el diario Primera Hora, 22 de diciembre de 2006.