Roberto Tirigall - http://www.robertotirigall.com
Transformar el estrés malo en estrés bueno
http://www.robertotirigall.com/articles/37/1/Transformar-el-estres-malo-en-estres-bueno/Pagina1.html
Roberto Tirigall

Roberto Tirigall se graduó como Psicólogo en el año 1991 e hizo su experiencia Clínica en el Hospital Braulio Moyano y José T. Borda, en Argentina, desde 1994 hasta 1999. A partir del 1996 se dedicó a la enseñanza en la Universidad de Buenos Aires, en la cátedra de Salud Mental y en la Universidad Abierta Interamericana, en la cátedra de Psicología, donde permaneció como profesor hasta el año 2001. Obtuvo su capacitación en Hipnosis Clínica y con posterioridad en las Técnicas de Meditación. La búsqueda de la integración de pensamiento occidental y oriental lo hizo desembocar en lo que hoy denomina PSICOMEDITACION. Actualmente vive en San Juan de Puerto Rico, y dirige talleres, seminarios y conferencias.

 
Por Roberto Tirigall
Publicado en 12/31/2007
 

Diferencias entre estrés bueno y estrés malo


NOTA PUBLICADA EN EL PERIODICO PRIMERA HORA, EL DIA 26 DE NOVIMEBRE DE 2007.


Todos hemos sentido en algún momento de nuestras vidas la influencia del estrés. Lo que sucede es que cada persona reacciona ante una situación de acuerdo con sus propios patrones y condicionamientos. Con esto queremos decir que lo que es estresante para algunos, no lo es para otros. Eso va a depender de la forma en que cada individuo interprete o piense lo sucedido.

Cómo se dividen

Podemos dividir el estrés en dos tipos: eustrés o estrés bueno, y distrés o estrés malo. El primero se produce cuando la persona hace frente a la situación de estrés sacando a relucir lo mejor de sí misma. Por ejemplo, existe una vieja historia sobre una familia que vivía de una vaca muy flaca que les daba poca cantidad de leche para apenas subsistir diariamente. Un día, el animal se cayó al barranco y la familia se vio obligada a buscar otra forma de subsistencia. Fueron a la ciudad y solicitaron un préstamo para poder sembrar la tierra que tenían. Al poco tiempo, comenzaron a cosechar lo sembrado en abundancia y se convirtieron en prósperos agricultores. Si no hubieran tenido el percance de la vaquita, estuviesen viviendo de ella en una condición muy humilde. Sin embargo, esta situación de estrés malo se convirtió en estrés bueno. Les permitió sacar lo más ingenioso e inteligente que tenían en su interior.

En cambio, con el distrés o estrés malo, el individuo se siente muy abrumado por el percance, quedando como desvalido ante el mismo. Podría ser el caso de alguien que pierde su empleo y cree que no va a conseguir otro, generando un estado de depresión y ausencia de sentido en su vida. Si esta persona no rompe con esta situación, su estado psicoemocional se irá agravando paulatinamente.

La pregunta que muchos podrán hacerse es cómo convertir el distrés en eustrés. Como quedó evidenciado en los ejemplos anteriores, todo va a depender de nuestra actitud personal y la forma en que pensemos, de manera que podamos poner al descubierto lo mejor de nosotros mismos.

Para lograrlo

Existen varias sugerencias para transformar estrés malo en estrés bueno.

No dejes valor residual o cosas pendientes

En lo posible, procura resolver asuntos pendientes. Nos referimos a situaciones que aún no hemos resuelto, ya sea en el mundo fáctico o de la vida cotidiana, en el aspecto técnico o en el plano psicoemocional. En lo fáctico, puede ser ordenar la casa, llevar el carro al servicio, recoger el correo de unos días, etc. En lo técnico nos referimos a, por ejemplo, tratar de concluir el nuevo curso de posgrado o maestría, terminar el libro que comenzamos a leer hace un año, culminar el bachillerato, etc. Y en lo emocional, hablar con ese ser querido con el que estamos enojados y que hace mucho tiempo que no vemos; pedir perdón a alguna persona con la que actuamos mal, etc.

Haz un plan diario con las actividades a realizar

Programa las tareas que tienes que realizar diariamente. De esta manera, tendrás una brújula que te marcará el norte de lo que tienes que hacer. No es necesario llevar a cabo todas las tareas, pero sí contar con un plan que te sirva de guía. Además, al levantarte cada día, procura recordar que nacimos otra vez y que tenemos todo un día para organizarlo y aprovecharlo al máximo posible.

Cuidado con pensamientos tóxicos o negativos

Cuando les damos mucho valor a los pensamientos tóxicos o negativos, los agigantamos. Esto significa que de un grano de arena podemos hacer una montaña. No darle tanta importancia a lo tóxico es no prestarle demasiado interés. Es muy necesario aprender dónde poner nuestra atención durante el día. Si lo hacemos hacia algo de forma excesiva (lo que se llama hiperatención), vamos a agrandar lo que observamos. Por ejemplo, si me duele un poco la cabeza y fijo la atención permanentemente en el dolor, es muy probable que me afecte mucho más. Esto no quiere decir que no vayamos a tomar el medicamento que el médico nos recetó, sino que tomaremos la medicina y dejaremos que el cuerpo se encargue de nuestro reestablecimiento.

Descubre el sentido de vida

Es fundamental conocer lo que nos gusta hacer, así como gustar de lo que hacemos. Somos nosotros los que creamos nuestro sentido de vida. Hay que descubrir aquello que más deseamos hacer. Para eso es importante tomar conciencia de la diferencia entre el deseo y la voluntad u obligación. Hacer algo por deseo no nos implica esfuerzo y el tiempo se nos va rápidamente. Sin embargo, si es por voluntad u obligación, estamos realizando un esfuerzo y el tiempo parece no pasar nunca.

Evita justificarte para no actuar

Muchas veces el autojustificarse puede generar un estancamiento en el desarrollo. Al hacerlo con frecuencia actuamos menos y, poco a poco, vamos dejando de hacer ciertas actividades. Se cuenta la historia de un maestro que le pidió a su discípulo que se acercara al lado del precipicio y mirara hacia el fondo del mismo. Cuando lo hizo, el maestro le dio un empujón por la espalda. Al comenzar a caer, el discípulo empezó a agitar sus brazos como alas y comenzó a volar. Recuerda que al afrontar situaciones difíciles vamos generando las fuerzas que necesitamos. Ya lo decía Friedrich Nietzsche: “Lo que no te mata, te fortalece”.

Saber el ‘porqué’ no siempre ayuda

Conocer el ‘porqué’ de alguna situación nos puede aliviar un poco la conciencia, pero no necesariamente nos ayuda a cambiar. Está, por ejemplo, el caso de una persona solía fumar más de una caja de cigarrillos por día y explicaba el porqué de su adicción. Sin embargo, saberlo no le había servido para dejar el hábito. Con esto, no estamos diciendo que descubrir esta información no sea necesario. Lo que queremos dar a entender es que es fundamental darse cuenta cuándo el ‘porqué’ es útil y cuándo puede conducirnos a un sufrimiento mayor.

Recuerda que la verdadera percepción del sufrimiento puede ser muy importante para abandonarlo

Si pongo la mano en el fuego, la retiro porque percibo el dolor. De la misma manera, si percibo pensamientos depresivos o de miedo, inmediatamente los dejaré de lado. Sin embargo, estamos tan narcotizados por los pensamientos tóxicos, que muchas veces no nos damos cuenta de que los tenemos. O cuando los percibimos, no nos damos cuenta de su peligrosidad, cuando lo apropiado es abandonarlos inmediatamente.

Deja de resistir o generar más conflictos

Cuanto más resisto, más fuerza le doy a lo que me estoy resistiendo. Cuanto más peleas contra una idea, la misma se convierte en una gran bola de nieve. Ésta comienza siendo pequeña, pero luego termina siendo gigantesca. No resistir no significa de ninguna manera que seamos débiles, blandos o tontos. Muy por el contrario, podemos no resistir una situación y, a la misma vez, no dejar de decir lo que pensamos y sentimos. De hecho, es necesario expresar lo que nos pasa de una manera adecuada porque si no, lo diremos muy inadecuadamente.

Recordar que las ideas son sólo ideas

Tenemos la tendencia a sufrir en nuestra imaginación por algo que nos pasó hace mucho o por lo que creemos que nos puede pasar en el futuro. En muchos casos, esto puede incrementar nuestro nivel de estrés. Lo curioso de esta práctica es que sufrimos por algo que no existe en el mundo real, sino en el mental. Es fundamental que podamos distinguir entre una idea y un hecho. Por ejemplo, es un hecho que voy a viajar a Estados Unidos; ahora, si creo que el avión va a tener un desperfecto mecánico, es solamente una idea. Recordarnos a nosotros mismos que una idea tóxica es sólo una idea nos ayudará a liberarnos de la misma porque no la tomaremos como un hecho real.

Vive el aquí y ahora

El pasado se fue y no lo puedes cambiar. El futuro no ha llegado todavía y no sabes qué te va a pasar. Así que, mejor vive el hoy lo mejor que puedas. Claro, vivir el aquí y ahora no es una tarea sencilla, pero sí es posible. Para lograrlo, cada vez que te encuentres pensando en algo del pasado, recuerda enfocarte en el presente. De la misma manera, si estás imaginando alguna situación futura, vuelve al momento presente. De esta manera, no te perderás de vivir lo que te va sucediendo a cada instante.

El Dr. Roberto Tirigall es psicólogo, escritor, conferenciante internacional y autor del libro “Psicomeditación: 10 técnicas para armonizar mente y cuerpo”. Puedes escribirle al correo electrónico rtirigall@onelinkpr.net.